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Las gunas


Las gunas

 

El yoga y el ayurveda, y la filosofía Sankhya de la que ambos surgieron, identifican tres estados mentales generales, descritos por tres cualidades llamadas gunas. Los tres gunas son tamas, rajas y sattva. Tamas es un estado de pesadez, de falta de movimiento, de estar metafóricamente estancado. El tipo de depresión en la que una persona duerme excesivamente se consideraría tamásica. Rajas implica movimiento y un estado mental rajásico se caracteriza por inquietud, agitación e incluso pánico. Sattva es el estado de claridad, paz y equilibrio.


La palabra guna se traduce literalmente como "hebra" o "fibra" e implica que, como los hilos de la ropa, los gunas están entretejidos para formar el universo objetivo. Filosóficamente, la teoría de los gunas explica de qué está hecho el universo y cómo se manifiesta a sí mismo como mente y materia. Pero lo más importante para los practicantes de yoga, es que la conciencia de los gunas nos dice si estamos avanzando realmente en la vida (sattva), si estamos caminando en círculos (rajas) o perdiendo el rumbo (tamas).


La esencia de sattva es la de actuar como un cristal transparente, permitiendo que la luz —la luz de la conciencia— se revele en el funcionamiento de la mente y en la naturaleza. Sattva no es iluminación en sí misma, pero devela lo que es verdadero y real (a esto se refiere la sílaba "sat" en la palabra en sánscrito). Se muestra como belleza, equilibrio e inspiración, genera vida, energía, salud y satisfacción. Cultivar sattva —tomando decisiones en la vida que elevan la conciencia y fomentan la alegría desinteresada— es un objetivo importante del yoga.


Rajas es la energía del cambio. Se distingue por la pasión, el deseo, el esfuerzo y el dolor. Su actividad puede causar movimiento tanto hacia el sattva (aumento del entendimiento espiritual) como hacia el tamas (aumento de la ignorancia), por lo tanto, puede actuar positiva o negativamente. Pero, por lo general, se caracteriza como inestable, inquieto e infeliz, provocando el cambio por el simple hecho de cambiar. Si los tomates recién cosechados son el "sattva", entonces la salsa picante de tomate es "rajas": una buena opción para una pizza el viernes por la noche, pero no tanto para la comida de todos los días. Rajas brinda felicidad al inducir la unión de los sentidos con sus objetos. Es por esto que rajas nos ata al apego, a los frutos de la acción y a todo tipo de placeres sensoriales.


Tamas acalla la presencia de la conciencia. Con su poder de ocultar, causa torpeza e ignorancia. Su naturaleza es pesada y densa. Un sinónimo en sánscrito para tamas es sthiti, o "firmeza". En su aparición más sátvica, tamas puede proporcionar una influencia estabilizadora en la vida, como la cura de un descanso reparador. Pero tamas es principalmente inmovilizador. Los alimentos tamásicos no tienen vida, son estériles e impuros; el entretenimiento tamásico es tóxico y carente de sentido. Tamas conduce a la inacción cuando se requiere acción. Cada uno de nosotros ha experimentado el poder de atarnos que tiene tamas, sabemos lo atractivo que pueden llegar a ser el letargo, la procrastinación y el sueño.


LOS GUNAS EN ACCIÓN

En el tapete de yoga podemos comenzar a explorar la presencia tangible de los gunas.

Imagina que te encuentras en una clase haciendo janu shirshasana, sin un alto grado de atención plena. A medida que te pliegas con desgano sobre la pierna extendida, tu espalda y hombros se encorvan y el pie se va hacia un lado. La cabeza cae hacia adelante y tu mente entra en una especie de ensoñación. Salvo por la pesada sensación de incomodidad que te produce la postura, bien podrías tomarte una siesta. Esto es tamas en acción: una sensación de letargo y falta de atención.


Ahora compara esto con otro día en el que, por no dejarte superar por tu compañero de al lado, te esfuerzas mucho en tu postura. Luchas dolorosamente para alargar la parte trasera de tu pierna, pero eso provoca que encorves los hombros mientras te esfuerzas para tocar los dedos de los pies. Mientras tanto, con la mente preocupada por el trágico final de tu última relación romántica, comienzas a fantasear con conocer a la persona que está a tres tapetes de ti. Esto es rajas: una dosis generosa de movimiento, esfuerzo, competitividad, dolor y tentaciones.


Pero hay más: imagina que otro día tu postura se desarrolla de manera diferente. La clase es más pequeña y estás en calma. Siguiendo las indicaciones del maestro, tu atención, vuelta hacia el interior, se desplaza de un elemento de la postura hacia el siguiente y te ves trabajando de manera exigente pero dentro de los márgenes de seguridad. Cuando mantenemos una postura estable por más tiempo, se genera una conciencia sutil de la respiración. Y, aunque mucho de lo que estás haciendo en la postura es invisible para los demás, tu mente está complacida y relajada por tu esfuerzo interno. Esto es sattva: claridad, atención plena y una espontánea sensación de satisfacción.


Identificar los aspectos sátvicos, rajásicos y tamásicos de una postura de yoga, para luego cultivar el rajas y el tamas en servicio de sattva, es un método infalible para avanzar en tu práctica. Pero hay más en estas tres cualidades que mejorar tus flexiones hacia adelante: aplica estos principios de autoobservación en el día a día y tendrás el poder de transformar cada aspecto de tu vida.

 


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